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El libro de la Tierra Negra
Carlos Gardini Carlos Gardini plantea una narración a medio camino entre la aventura postapocalíptica y la metafísica, en lo que es una exploración de los límites últimos de la entrega personal. Presidido todo por la ominosa omnipresencia de la misteriosa Tierra Negra. El libro de la Tierra Negra es una novela aparentemente compleja sobre un futuro a medio camino entre lo exótico, lo decadente y lo distópico. Está formado por una serie de narraciones superpuestas, en las cuales el centro de la narración, el actor al que sigue la cámara, cambia cada vez que el anterior ha salido de escena, normalmente por la vía más expeditiva. Esta novela habla de la influencia de una mujer largo tiempo desaparecida de la Tierra, Katya Rastova –inventora de un proceso que permite a los seres humanos adaptarse a condiciones diferentes de aquellas en la que evolucionaron- y de su influencia en el mundo y sus gentes mil años después de su partida. Habla de ese mundo, gobernado por una teocracia que se mueve entre la farsa y la solemnidad con una determinación implacable. Habla de las vidas de Santos; como Andrés O’Bardo Latour que se autoinmolará en un intento por comprender un misterio que percibe como amenaza a su Fe y la de los que vengan detrás de él. Habla de la naturaleza del misterio, representado por esa Tierra Negra que es al mismo tiempo muy importante y hecho ignorado en la vida de los parias del mundo. Habla de las miserias humanas y de los códigos de conducta extravagantes que los tiempos de las postrimerías imponen a los humanos, de una forma que vagamente me recuerda a la de Cordwainer Smith en su serie de la Instrumentalidad. Habla de ciencia y muertos vivientes. De sueños y drogas y de bromas mortales en forma de grandes peces rojos. Y también habla de un libro llamado el Libro de la Tierra Negra. Supongo una lectura agradable es aquella que sorprende. Sobre todo si sorprende pese a que se cumplan los prejuicios del lector. Este caso podría definirse así: me gustó pese a mí mismo. Y mis prejuicios no eran pocos, precisamente. Y además, estaban completamente justificados, ya que la apariencia de la obra se prestaba a sacar conclusiones apresuradas. Por ejemplo, uno lee la introducción a la figura del autor (y parece que se olvidan de su faceta de traductor a favor de la de literato) y se pregunta: “Bueno, en esta novela ¿dónde aparecerá la primera referencia o mención directa a Borges?”. Gracias a Dios, bastante avanzado el libro. Y una vez que empiezas a pensar así, esperas ver otra series de referencias inevitables. T. S. Elliot. Alta literatura. Y demás inevitables como Mishima, Alighieri, etc … hasta acabar en ¿Lennon?.. Oh sí, Imagine es uno de los poemas más importantes de esta historia, de verdad. Entonces la sorpresa ocurre cuando el conjunto de narraciones superpuestas y solapadas que forman El libro de la Tierra Negra empiezan a desplegar más ingenio del meramente formal, combinando una narrativa a veces clásica de aventuras con las extrapolaciones más literarias y los modos más rebuscados. El libro de la Tierra Negra es una entidad que existe dentro del propio libro, supongo que el truco metaliterario es asumir que la entidad interna y el objeto entre las manos del lector son lo mismo. Lo que me fascina de esta novela es como los trucos más complejos no funcionan para mí de la manera que el escritor supone que deberían. El que nombre anteriormente, por ejemplo. Sin embargo me fascinan también como los trucos más simples de esta sí funcionan, atrayendo la atención pese a la prosa transcendente que se supone que es el logro de la “buena literatura”. En resumen: funcionan mejor las andanzas de Dalomai (fugitivo, aventurero fallido y heredero de un barco), la descripción del final de la vida de Andrés O’Bardo Latour (héroe de la Iglesia postcatólica y hereje de sus últimos tiempos) o el martirio de Sancamar (hijo de O’Bardo) que el nexo entre todas sus partes que propone una visión de la transcendencia humana. Me temo que la transcendencia de la especie, está muy sobrevalorada en estos días. Sobre todo en la ciencia ficción. Eso sí, una vez que un lector como yo se sobrepone al misterio de la Tierra Negra (aunque éste ya haya sido contado en el propio libro) la narración tiene la suficiente fuerza como para que leerla sea casi una obligación una vez empezada. Hay ingenio, hay atracción, hay aventura. Y, por lo que parece, sobre todo hay una fascinación de muchos de los personajes con el suicidio. La verdad es que esta novela lleva su propia ambientación decadente hasta los extremos y muchos de los personajes o historias que se cuentan hablan de la inmolación voluntaria de un modo u otro hasta casi la obsesión. Aparte de eso, y pese a que su narrativa no me llega a convencer cuando trata con las partes más metafísicas de la historia entre manos, Gardini ha producido un libro extrañamente sólido pese a la mencionada falta de conexión total entre sus partes, entretenido, arriesgado (supongo) y, sobre todo, una lectura interesante. © Xavier Riesco Riquelme 2001 Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.
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