La cosa del pantano
Alan Moore, Stephen Bissette y John Totleben
Norma Editorial. Barcelona. Título original: Swamp Thing. ISBN: 84-8431-209-7.
Valoración: 5
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0344/

El personaje de La cosa del Pantano sufrió una profunda renovación de la mano del genial guionista inglés Alan Moore. El resultado fue uno de los más enigmáticos, atmosféricos e inquietantes cómics de terror de los años ochenta.

por Xavier Riesco Riquelme

Norma Editorial ha reeditado parte de La cosa del pantano de Moore. El primer número comienza con “Lección de anatomía”. Y continúa a partir de ahí con la saga de La cosa del pantano según la versión personal de Alan Moore en los ochenta, con la ayuda inestimable de Totleben como ilustrador, del personaje creado por Bernie Wrightson y Len Wein.

La cosa del pantano original era Alec Holland, un científico que investigaba un suero regenerador de plantas que fue brutalmente asesinado yendo a parar al pantano de Luisiana en medio de una pira de inmolación y resucitando en forma de una masa musgosa que correría varias aventuras. La cosa del Pantano es en parte una variación sobre el mito de Frankenstein y en parte una aproximación a algunos horrores más modernos.

Hasta ahí los fríos datos. Se que a veces soy un poco oscuro haciendo reseñas, pero le pido al lector paciencia porque no se me ocurre otra forma de comentar esto que no sea una colección de banalidades, trivialidades o tópicos vacíos. Así que voy a intentar hacerlo de otra manera.

La reseña propiamente dicha, entonces, comienza aquí:

Como Jason Woodrue, el hombre florónico, en la primera página de "Lección de anatomía", yo también tiendo a intentar imaginarme la escena.

Mediados de los ochenta. Hasta ahí puedo imaginarme la cosa más o menos bien. Un lector de cómic superheroico o de terror americano con el nuevo número de La cosa del pantano, creada por Wrightson hace tiempo. Me intento imaginar a ese lector prototípico abriendo el número y mirando la primera página. El grafismo de John Totleben y Bissette en esa página: una figura de pie mirando a través de la ventana y comentando cosas, haciendo predicciones para sí mismo y mirando la lluvia mientras habla de sangre. En cantidades.

Hasta ahí bien. Pero luego no tengo la imaginación que Moore le atribuye al personaje de Jason Woodrue: lo que nunca logro imaginarme es la cara del hipotético lector al acabar “Lección de anatomía”. Y lo intento. Pero no llego nunca a imaginarme verdaderamente como debió ser el mazazo inicial de una obra como esa. Después de décadas de un cierto cómic de “terror” americano, criado con la E.C. o con Creepy, desafiando al comics act o al comics code quizás, pero a su manera tan conservador como los cómics de superheroes. Uno no puede ahora imaginarse realmente el alcance de la mano de Moore al darle nueva vida, literalmente, a un personaje muerto porque pertenecía a una generación anterior de historias. Historias más simples. Que requerían menos del lector. Y que, comparativamente y sin menospreciar la labor de guionistas y dibujantes, muchas veces ofrecían menos.

Lo primero que hay que hacer para renovar algo es matarlo. “Lección de anatomía” empieza con la cosa del pantano muerta. Pero no es suficiente. Moore tiene que matarlo a fondo para que pueda revivir. Frankenstein a finales del siglo XX no se iba a conformar con robarle al cielo unos simples rayos o el secreto del fuego o el nombre secreto de Dios en escritura cabalística para devolverlo a la vida. Moore tiene que ir precisamente hacia la concepción de la vida en sí, a la biología para satisfacer las necesidades de su nuevo monstruo. Después eso tampoco es suficiente. Hay que matar la identidad del monstruo para que la nueva vida pueda florecer.

Así que Alec Holland vuelve a morir, sólo que Moore además pretende que estuvo muerto desde el principio y que lo que animaba, nutría y protegía al monstruo no era más que un sofisticado autoengaño nacido de la moribunda mente de un primate superior. Todo lo que ese lector prototípico creía saber era falso.

Y también era falso para el personaje principal, la grotesca caricatura de un cuerpo humano animada por una mente sometida a una tortura constante, al poder recordar lo que era un cuerpo de verdad. La voluntad que guiaba a la cosa del pantano en las primeras versiones de Wrightson tenía dos objetivos: venganza y recobrar la humanidad. Moore le quita esas dos cosas de un plumazo y lo deja desamparado. También, por supuesto, deja desamparado a mi imaginario lector prototípico al negarle el conocimiento anterior y demostrarle que está tan equivocado en sus premisas sobre como funciona el mundo como el pobre vegetal humano.

Eso es terror de verdad.

Y por último, para rematar la faena, Moore tiene que matar al monstruo para que pueda vivir.

Ya no es un monstruo, no es un intelecto humano atrapado en un deforme cuerpo vegetal. Es otra cosa y parte del terror y la maravilla de la cosa del pantano consiste en descubrir, junto con la consciencia vegetal que una vez creyó ser Alec Holland, lo que es en realidad.

Ésa es la base de las siguientes narrativas de Moore sobre el personaje. Así que esta edición, el volumen de Norma, no es más que el primer plato de una de las obras más inteligentes que jamás haya hecho nadie dentro de una compañía de cómics americana como D.C. Aparte, claro de que al mismo tiempo que Moore rescribía las reglas para el cómic franquiciable, se las arreglaba para inventar uno de los personajes más carismáticos que hayan aparecido jamás en un cómic de superhéroes o similares Me refiero al arquetípico pícaro inglés John Constantin. Y sí, hay superhéroes en el mundo de la cosa del Pantano. Pero un buen narrador de historias, como Moore o posteriormente Gaiman, demuestra en ocasiones lo que se puede hacer con un universo narrativo donde lo superheroico es lo normal.

Ésa es, de manera muy resumida, parte de la historia de cómo un inglés llamado Alan Moore logró cambiar la historia reciente del medio narrativo gráfico llamado cómic. Y lo logró precisamente allí donde el cómic ha formado arquetipos e iconos culturales propios, más influyentes que los de ningún otro lado del mundo. Creo que, mirado así es una bonita historia. Y parte de esa historia empieza en la primera página de esta reedición de Norma. Así que siempre aducir que tiene valor histórico. Eso claro, si hubiera que justificar la saga de La cosa del pantano de Moore con otra cosa que no fuera definirla por lo que es: una obra maestra.

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.