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Portada de Huérfanos de Brooklyn de Jonathan Lethem
Valoración: 4 estrellas de 5

Mondadori. Barcelona. Octubre 2001. Título original: Motherless Brooklyn (1999). Traducción: Cruz Rodríguez Juiz. 326 páginas. PVP: 2.700 pesetas (16,23€). ISBN: 84-397-0647-2.

CONTRAPORTADA

Tengo el síndrome de Tourette. Las palabras salen atropellándose, incontrolables, y las manos no pueden evitar tocar impulsiva y compulsivamente todo lo que tengan cerca. Es el sino de Lionel Essrog, criado en un orfanato y que, junto con sus tres amigos de la infancia, trabaja para un mafioso loca, Frank Minna, en una agencia ilegal de detectives.
El asesinato de Frank le obligará a sumergirse en la trama, compleja y llena de sombras, de relaciones, amenazas y favores que conforman el Brooklyn que él creía conocer tan bien y donde nadie es lo que parece.
Huérfanos de Brooklyn supera con creces lo que podríamos considerar una novela negra, subvierte el género y le confiere nuevos matices hasta lograr un texto sumamente original.

Huérfanos de Brooklyn

Jonathan Lethem

Original obra que combina con gran habilidad la novela negra con la novela neurológica, hasta el punto de que en el proceso de investigación no se sabe quién es más inteligente: el detective, el criminal o el síndrome de Tourette.

por Xavier Riesco Riquelme

He llegado a la conclusión de que Lethem es el reverso tenebroso de Iain Banks. Si los personajes de Banks tienen unas extrañas relaciones con la realidad, en el caso de Lethem es la realidad la que mantiene extrañas relaciones con los personajes. El caso de esta novela sería una definición perfecta de esto que he dicho: un detective con síndrome de Tourette metido a investigar la muerte de su propio jefe. Para un personaje así, la realidad es más bien un fantasma que se manifiesta de vez en cuando (las pistas que conducen a la resolución del caso), al contrario de cómo se enfrenta a ella un personaje de Banks, por ejemplo el Frank de La fábrica de las avispas, donde es él el que impone a la realidad una determinada estructura con su visión única. Por el contrario, Lionel Essrog, protagonista de Huérfanos de Brooklyn, es en realidad un cazafantasmas esperando a un momento de contacto con la esquiva realidad para hacer de médium mientras él está perdido en un torbellino interior de palabras y nombres.

Para complicar aún más las cosas, nuestro detective es un personaje doble pues en él confluyen tanto el huérfano que crece en el ambiente duro de Brooklyn pese a que sea un considerado un "freak" (a veces peligroso, a veces inofensivo) y el fantasma de su jefe muerto, activado por el síndrome de Tourette y que lo "posee" en gran parte gracias al lenguaje propio de su jefe, un idiolecto que Lionel encuentra obsesivamente fascinante y que repite de manera curiosamente siniestra en frente de otros personajes que conocieron al malogrado jefe de Essrog, Frank Minna. O quizás tres personajes: el propio Lionel Essrog, el fantasma de ese jefe que se aparece en el lenguaje de Lionel y el síndrome de Tourette de Lionel, que es un personaje en la medida en la que tiene motivaciones independientes de las Lionel, irrumpe en los aspectos privados de su vida y reclama de Lionel unas cuantas estrategias para poder conservar su identidad como entidad aparte de su propio desorden neurológico.

Armado con su lenguaje -cargado como una pistola, lleno de non sequiturs, desconcertantemente surrealista y amenazador en su parodia inconsciente de gestos y giros lingüísticos -Lionel se enfrenta una realidad en la que no parece estar demasiado a gusto pero que sin embargo se empeña en aparecer tan disruptivamente ante él como su síndrome ante los demás. La búsqueda de la verdad lo llevará, curiosamente, al pasado y a una escuela de meditación Zen. La entrada de Lionel en medio de una sesión de meditación zazen es una de las secuencias más memorables de este libro, cuando el lenguaje de Lionel se convierte en un imparable manantial en ebullición, que, sin embargo, parece disparado por la presencia física de los actores en el drama que intenta resolver -ese gigante polaco que supone ha asesinado a su jefe y amigo, ese extraño maestro Zen en el que detecta una familiaridad equívoca, esas puñeteras frutas de origen chino que le parecen fuera de lugar... Aún más importante, el síndrome parece disparado por la presencia de esas pistas que Lionel no es consciente que se encuentran ante sus ojos. Lionel Essrog es posiblemente uno de los antihéroes más completos y complejos que haya dado la literatura norteamericana, un observador sesgado pero al mismo tiempo imparcial de esa realidad sospechosa de asesinato. Lionel cuenta con sus armas de enfermo para enfrentarse al caso: un detective con las compulsiones de tocar las cosas, ordenar nombres y objetos, fascinado por las simetrías y los números y que permuta/pervierte el lenguaje, está, pese a lo que pueda parecer, convenientemente equipado para resolver la investigación.

O mejor dicho, será el síndrome de Tourette el que resolverá el caso con, en el fondo, poca participación consciente de Lionel. Algunas de las pistas que Lionel recibe están codificadas de tal forma que sólo su síndrome le permitirá descodificarlas. Si el síndrome de Tourette no es un personaje, entonces, como se pregunta Lionel "¿Quién demonios es Bailey?". ¿Quién es esa presencia que a veces responde a las llamadas de teléfono de Lionel? ¿Qién es ese tío que irrumpe en el lenguaje de Lionel con expresiones tan pintorescas como ¡comemebailey!,...

Lethem en su mejor forma.

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.

OTRAS OBRAS DE JONATHAN LETHEM

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