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Portada de Las máquinas de Dios de Jack McDevitt
Valoración: 3 estrellas de 5

La factoría de ideas. Madrid. 2001. Título original: The engines of God (1996). Traducción: Isabel Merino Bodes. 422 páginas. ISBN: 84-8421-421-4.

CONTRAPORTADA

Los humanos los llaman los Creadores de Monumentos: una raza desconocida que ha dejado asombrosas y extrañas estatuas en lejanos planetas de la galaxia. Cada reliquia es diferente; cada inscripción desafía la traducción... sin embargo, todas ellas son angustiosamente bellas.
El planeta Tierra está llegando al fin de sus días: la densidad de población ha alcanzado hitos históricos y el cambio climático está arrasando al mundo: las hambrunas se suceden, los animales se extinguen y los recursos se agotan. Los gobiernos buscan una solución para evitar el inminente desastre. Equipos de expertos rastrean el Universo, en busca de nuevos mundos propicios para la vida humana... Sin embargo, puede que los Creadores de Monumentos sean los únicos que conozcan la clave de la supervivencia de la humanidad.
En este libro, McDevitt reitera su técnica predilecta: una incógnita a descifrar. Y, como en todo misterio, no sólo cuenta el dato real y el hallazgo. Todo enigma encierra un motivo. Y ahí es donde el autor brilla con más intensidad.

Las máquinas de Dios

Jack McDevitt

Una novela de exploración extraterrestre que ofrece una serie de misterios asombrosos y algunos dilemas éticos que es preciso resolver. Reflexiva e inteligente.

por Pedro Jorge Romero

No descubro nada nuevo al decir que la ciencia ficción es un género literario asombrosamente recursivo. Es decir, las obras de ciencia ficción hablan entre sí, discuten, se corrigen y se canibalizan unas a otras. Las novelas de ciencia ficción se sostiene sobre la gran masa de obras escritas anteriormente y, en cierta forma, asumen que el lector es consciente de la existencia de esas otras obras. Es algo que puede comprobarse al leer una novela de ciencia ficción escrita por un autor poco conocedor del género (o, más claramente, viendo una película normal de ciencia ficción). En ese caso una o dos ideas parecen ya demasiadas y el autor se entretiene usándolas y explicándolas. Sin embargo, un autor que conozca bien el género puede introducir cientos de elementos dispares con la seguridad de que la mayoría de sus lectores no se perderán durante la lectura (por ejemplo, Hyperion). Esa recursividad no ha hecho sino crecer en los últimos años. Uno, por ejemplo, puede pasar horas de diversión intentado identificar todas las referencias a la ciencia ficción clásica en Marte rojo, ya sea Bradbury, Dick o Tolkien.

Y he querido comenzar así, porque este libro es curioso en ese aspecto. Al principio los extraterrestres de ciencia ficción eran poco más o menos que seres humanos con disfraz. Con el tiempo, los extraterrestres se hicieron cada vez más desperzonalizados hasta llegar a la situación de Contra el infinito de Benford donde el extraterrestre era tan remoto que se convertía a todos los efectos en una fuerza de la naturaleza o en un dios. Ahora McDevitt ha dado la vuelta completa y ha regresado en cierta forma al principio. Pero no en un círculo vicioso sino en una espiral virtuosa. Esta novela discute con las demás novelas y propone una visión de los extraterrestres que los acerca a los humanos sin quitarles nada de su carácter extraño. Es decir, los extraterrestres en el fondo tendrán los mismos fundamentos que nosotros y razones muy similares a las nuestros. Ellos también serán criaturas perdidas en un universo vasto y hostil.

Las máquinas de Dios trata precisamente de eso. En el mundo del futuro del siglo XXIII se ha conseguido el viaje hiperespacial, pero sólo se ha encontrado una civilización extraterrestre, los habitantes del planeta Nok que están embarcados en una guerra mundial y que desconocen la existencia de los humanos. Aparte de eso se han descubierto varios monumentos construidos por los misteriosos Creadores de Monumentos que aparentemente han desaparecido. En otro planeta, Quraqua, se han encontrado restos de una tercera civilización que jamás abandonó su planeta natal pero que tenían tradiciones que hablaban de unas misteriosas Máquinas de Dios que venían del cielo y que eran conscientes de la existencia de una misteriosa construcción en su luna. Y aquí entra uno de los toques interesantes de la novela: los que estudian esos restos son arqueólogos que intentan entender su lenguaje y sus mitos para intentar desentrañar el misterio de la ciudad lunar que los humanos llaman Oz. Pero Quraqua tiene sus días contados, porque es el único planeta adecuado para la terraformación y el gobierno de la Tierra está decidido alterarlo con explosiones atómicas.

La protagonista de la novela es Priscilla Hutchins, piloto espacial que se encarga de trasladar a los arqueólogos de un sito a otro y que intenta colaborar en la resolución del misterio. Y ese misterio es en el fondo muy humano. Los esfuerzos de entender a la cultura Quraqua, que veían a los Creadores de Monumentos como emisarios de la muerte, es el esfuerzo de entender una civilización al borde de la destrucción. Y el esfuerzo por entender a los Creadores de Monumentos es el esfuerzo por entender las razones de una civilización capaz de crear imágenes como advertencia. El misterio, claro está, viene servido.

El lector habrá comprendido ya que esta es una novela que juega con una variación del tema de los grandes objetos abandonados. Sí y no. Al final se descubre el misterio y se conoce la razón de Oz y de los monumentos, pero eso es sólo la resolución de la trama de la novela y no sucede realmente como clímax. Lo que a Jack McDevitt le interesa es intentar explorar la reacción de los seres humanos ante esas culturas extraterrestres tan similares a nosotros y tan distintas, también capaces de mirar al cielo y temer. Jack McDevitt ha escrito una inteligente novela, salpicada de más de un detalle curioso, que explora el acto humano y extraterrestre de preguntarse "¿por qué?"

Pedro Jorge Romero (Arrecife, 1967) es licenciado en física, pero realmente se dedica a traducir, a la programación web y a escribir ocasionalmente. Ediciones B ha publicado recientemente su primera novela, El otoño de las estrellas, escrita en colaboración con Miquel Barceló.

Su opinión:

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