Una campaña civil. Una comedia de biología y costumbres
Lois McMaster Bujold
Ediciones B. Barcelona. Noviembre 2001. Título original: A Civil Campaign (1999). Traducción: Rafael Marín. 496 páginas. PVP: 21 € (3.494 pesetas). ISBN: 8466605177.
Valoración: 3.5
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Miles Vorkosigan abandona su lances guerreros para enfrentarse a los no menos belicosas del amor. Una narración romántica y de ciencia ficción donde Lois McMaster Bujold demuestra una vez más su capacidad para la narración de aventuras.

por Luis Fonseca

Estamos frente a una nueva aventura de Miles, definitivamente amputado su esquizofrénico par, el almirante Naismith. Como sabemos, Miles se gana ahora la vida como Auditor Imperial, aunque en esta entrega de corte más romántico no tendrá oportunidad de ejercer como tal.

Sin embargo, sí que deberá poner a prueba su capacidad estratégica y sus dotes de persuasión para estrechar el cerco a su plausible media naranja Vor, Ekaterín Vorsoisson. Ésta se encuentra de luto (ver Komarr) por lo que su abordaje requiere tiento y paciencia. Desgraciadamente, en una escena hilarante y con todo tipo de ayudas involuntarias, la cuidada aproximación de Miles se viene abajo, cometiendo tal torpeza que Ekaterin huye de su lado para pasarse buena parte de lo que queda de novela deshojando la margarita entre monólogos de corte ‘sentido y sensibilidad’.

Estamos en vísperas de la boda del Emperador Gregor, pero no sólo el amor pende como una espada de Damocles sobre Miles: ésta es una de las novelas más corales de la Bujold. También tenemos a las cuatro chicas del clan Koudelka en un tris de encontrar pareja y, cómo no, al emprendedor Mark, que por cierto tiene entre manos el lanzamiento de un curioso producto biológico (uno que provoca en un par de ocasiones un ataque de ‘elitrosis’ en la residencia Vorkosigan). El pobre Ivan, no obstante, sigue sin suerte en estos menesteres (va a perder, de hecho, un par de buenas oportunidades a la vez y entre sí), aunque sus dotes intelectuales salen mejor paradas que en otras entregas: en esta ocasión va a saber sumar dos más dos en una de las subtramas, demostrándose además que en Barrayar hasta el menos pensado puede ser agente de ImpSec.

Aunque hemos hablado de Sentido y sensibilidad quizá al clásico que más me recuerda la presente novela es la comedia shakesperiana Mucho ruido para nada por su duelo de voluntades, algo de guerra de sexos, desencuentros románticos, dignidades heridas, estrategias de reencuentro, personajes femeninos fuertes y vaporoso ‘happy end’. También su tono rosa aderezado con tramas paralelas políticas encuentra parangón en esta obra. En ella, los devaneos y escenas amorosas tienen por telón de fondo el mar agitado de la política barrayaresa que se enfrenta a dos ‘casus belli’ en cuanto a la legitimidad genética de un par de representación condales: un conde Vor que descubre tener un antepasado cetagandano, y un aspirante a otro condado que decide hacer frente a la imperante ley sálica con una radical terapia génica.

Por supuesto, estas tramas paralelas se van a enredar de mala manera en la vida personal de Miles y Ekaterin, agudizando el momento difícil que atraviesan. Quizá en la resolución exitosa de las mismas, sin embargo, esta entrega no está a la altura de las precedentes, en las que Miles se distingue por encontrar la forma de doblegar a sus inteligentes oponentes. En ésta, es más bien la estupidez de su contrincante (estupidez de alguna forma inducida, estupidez con suspense, pero estupidez al fin y al cabo) la que evita que Miles bese la lona, al menos políticamente.

En definitiva, una ligera y desenfadada tragicomedia de situación, en la que Bujold recupera un tanto, con su habitual escritura fácil no exenta de ingenio, la comicidad de aquel primer El aprendiz de guerrero. Si la cosecha de nominaciones y premios con su anterior novela Komarr fue un tanto pobre (tuvo que conformarse con un premio local: el Minessota Book Award), Bujold ha vuelto por sus fueros logrando nuevamente con esta entrega nominaciones de entidad (Hugo a la mejor novela del 2000, HOMER a la mejor de 1999), mientras que su celebrado corte romántico se ha visto recompensado con un par de premios menores: el Sapphire Award (a la mejor mezcla de ciencia ficción y romance) y el PEARL, siglas que responden a un acrónimo sin desperdicio (Paranormal Excellence Award in Romantic Literature).

A destacar, como siempre, el poco desdeñable mérito de esta escritora que con ligeros cambios de registro, y tras una serie realmente dilatada, sigue consiguiendo despertar entre su público el interés por lo que el destino depara a unos personajes que ya se han hecho archifamiliares. En mi opinión, el final feliz de esta entrega constituye una ocasión inmejorable para dejar descansar al personaje (y recuperarlo, si acaso, de aquí un tiempo en un entorno más cambiado: por ejemplo, más crecido, con vástagos propios y, cómo no, con alguna cuita intergaláctica realmente trascendente que atender).