Jeff Noon regresa al Manchester del futuro, un lugar varado entre el arquetipo y la fantasía, entre la elucubración alucinógena y la cultura pop. El recuento de polen se ha disparado y eso, inevitablemente, afectará al Vurt.
por Xavier Riesco Riquelme
Un paso adelante dentro del espejo.
Noon vuelve al Vurt.
Esta vez la ciudad de Manchester se enfrenta a una crisis sin precedentes: la cuenta de Polen. Una primavera hiperalérgica para todos los ciudadanos de la ciudad. Pocas novelas hay que tengan como principio una premisa de invasión tan extraña y, pese a todo, tan bien llevada. Pues sí, esta es una novela de invasión, y queda muy claro en la primera página con ese extracto de un ensayo ficticio sobre los sucesos en los alrededores de Manchester. Éste es el contexto en el que se mueven los personajes: perrotaxistas, polisombras, polivurts, poliperro, chicos y chicasvurt. Toda la hibridación lingüística que era la marca de fábrica de Vurt (y algunos ejemplos nuevos) puesta al servicio de una narración excelente e inteligente.
Bueno. Éste es también un libro sobre la posible segunda extinción de los dodos. En el lingo del Vurt, un dodo es una persona que no puede acceder (hmm, convirtiendo sustantivos en verbos, que dirían los puristas) a los sueños del vurt, pero como casi todo en la obra de Noon tiene varios niveles de lectura. El dodo también es uno de los personajes de Alicia en el país de las maravillas (uno de los animales que aparecen en la reunión de animales tras la Inundación de lágrimas de Alicia), y como Lewis Carroll tartamudeaba ligeramente al pronunciar su apellido real, el dodo es Dogson. Con una lógica especular muy acorde con el resto de la ficción, Noon convierte el sustantivo Dodo en todo lo contrario de lo que representa Carroll para el universo del Vurt. El lenguaje de Noon, como ya mencionaba en la reseña de Vurt, funciona así: múltiples referentes y capas de significado para casi todo. A eso le sumamos la cualidad proteica que le imprime al lenguaje (traducido: hace lo que le da la gana con las palabras, las une como le conviene y al carajo –que debe ser una pluma Vurt negra- con las normas) y se obtiene una obra personal, entretenida, inteligente y adictiva. Sobre todo adictiva.
Por otro lado, la tesis principal de Noon para esta historia es bastante simple, efectiva y clásica. De hecho, puede considerarse una de las bases de la narración desde el principio de los tiempos: toda narración implica un conflicto. Siempre que se cuenta algo, es porque existe una tensión de algún tipo entre las partes de la narración. Como Noon es un escritor moderno, le da una vuelta de tuerca al asunto llevando el conflicto al terreno de los narradores por excelencia. Los narradores enfrentados con las historias son un recurso clásico ya de la literatura, pero Noon le sabe dar un peculiar atractivo al asunto cuando los personajes permiten, por ejemplo, que los conviertan en narraciones porque es la única forma de hacer funcionar la historia en la que están metidos. Una ironía autoconsciente muy inglesa, que recuerda a los experimentos de Christopher Priest o Andrew Crumey pero muy alejados, al mismo tiempo, de la sequedad formal ocasional de éstos. Noon, en cierto modo hace lo contrario: cuenta con esos elementos pero lo que cuenta es una aventura arquetípica de muerte, cultura pop, viaje y lucha a ritmo de videoclip (esto último NO es una comparación negativa). Desde la Odisea de Homero (descenso a los inframundos incluido) a los Beatles pasando por los dibujos animados de Hanna-Barbera. Todo, absolutamente todo puede caber en el saco de Noon.
La moderación es para los débiles de espíritu, parece decir el autor.
Y uno como lector le da la razón. Polen funciona admirablemente bien precisamente por lo discordante de los elementos. Se insinúa profundidad aunque en realidad la historia sea lineal. Tiene un sentido del humor my retorcido cuando habla de las relaciones entre los objetos del mundo, especialmente cuando se le revela al lector la causa de la plaga que asola el Manchester de la novela y que tiene que ver la fiebre del heno con el hecho de que el polen este intentando tener relaciones sexuales con la nariz del afectado (como ejemplo, aunque no es el único). O, una vez que se permite dar explicaciones sobre la naturaleza del mundo, de donde provienen los híbridos –que no son en absoluto monstruos- y por qué hay zombies, plagas de esterilidad o sombras telepáticas.
La única pega que es posible hacerle al libro es que, como es natural, la encarnación en un idioma ajeno a aquel en el que fue escrito deja fuera- ya sea por imposibilidad o por falta de conocimiento- muchos de los contextos semánticos con los que Noon juega. Aparte de eso, hay elementos de la traducción que chirrían o que, simplemente, se han dejado sin traducir o se han traducido de forma casi arbitraria. Un ejemplo de traducción arbitraria es el de “Vurt compartido”. Si la traducción deja tal cual “Hardwere” porque el juego de palabras entre “hardware” y “werewolf” es intraducible, ¿por qué entonces no dejar tranquilamente “sharevurt” con ese juego entre “vurt” y “shareware”, ya que después de todo es exactamente eso: software vurt shareware (que insta al usuario a registrarse y pagar una pequeña cantidad)? Otros elementos parece que se han dejado en la forma original por desconocimiento, con lo cual Dick Dastardly y Mutley quedan completamente alienígenas frente al lector español, que presumiblemente hubiese encontrado más inteligibles a los venerados “Pierre Nodoyuna y Patán” dándose la mano con los demás personaje de ficción. Yo creo que ganaría así, pero reconozco la dificultad de trastear con una obra como esta.
Una excelente novela. Y por supuesto, espero con ansiedad a Alicia automática.
© Xavier Riesco Riquelme 2001
Este texto no puede reproducirse sin permiso.
Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.
Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.