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Grupo abeliano
Cid Cabido El grupo, como un organismo con vida, cada vez más unido según transcurren las páginas, inicia una aventura sin final, sin motivo, poniendo en cuestión los hechos cotidianos, lo incuestionable. por Javier Ferreiro Sara Cid, en la ventana de Salsipuedes (Santiago), dejó su cuerpo y su sonrisa rodeada de rubio galaico para una fotografía en blanco y negro que grabó en mi memoria, mientras ella, y su generación, su hermano, coqueteaban con el miedo que a él lo llevó a la meditación forzosa, a otros a la fama, a la mayoría al olvido. Tal vez, de lo sembrado en aquel tiempo florece ahora Grupo abeliano, segunda novela del ourensá Cid Cabido, traducido al castellano por Sara. Dice el libro que eso es literatura evidencialista, es posible, parece un intento de desarrollar una idea original. El grupo, como un organismo con vida, cada vez más unido según transcurren las páginas, inicia una aventura sin final, sin motivo, poniendo en cuestión los hechos cotidianos, lo incuestionable. ¿Se puede convencer al Gobernador para que dimita y convierta su centro de poder en una casa de ocupas?, parece que si, al igual que a la policía para que entregue sus armas, a los bancos para que abran las puertas del dinero. Parece que esperaban la señal, la llegada del grupo cargado de lógicas razones para entregarse, para dejar de prestar ese servicio inútil que a veces son los poderes frente a la lógica del ciudadano. Razones de peso, dialécticas, que si es necesario se acompañan de temporizadores y goma dos, de referencias a los torturadores (¿guiño de Cid Cabido a su juventud?, en este tiempo de adhesiones inquebrantables al pensamiento aznarista único, hay que tener cuidado con las afirmaciones, mejor dejarlo en una pregunta y que como mucho se convierta en algo literario, sin visos de realidad). La biografía de un autor siempre esconde referencias a su obra, y tal vez este no sea un ejemplo de ello, pero es posible que se parezca. Con construcciones antiacadémicas para mantener el anonimato del grupo, Cid Cabido no pone principio ni fin a su relato que bien podría ser un guión de película de humor corrosivo, cine de Berlanga, referencia de un país corrupto que solo necesita un pequeño empujón para que se derrumbe. Un libro en el camino de un autor que parece bien arropado en el mundo editorial, con ganas de contar cosas, y eso ya es mucho para escribir hoy en día. La calidad contrastada solo la dará el tiempo cuando las ideas maduren. Pero mejor leerlo ahora, que esta fresco, que no tener que ir a buscarlo cuando al séptimo u octavo triunfe y no se encuentre por ningún lado la reedición. © Javier Ferreiro 2001 Javier Ferreiro (Vetusta, año 55, siglo pasado). De naturaleza esceptico. Escasamente dotado para la depresión, ese defecto, le ha privado de una visión clara "del otro lado", pero le permite ganar honradamente su vida contandole a los demás cosas que hacen los demás, incluso después de haberse licenciado en Medicina.
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