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Casa Negra
Stephen King y Peter Straub Veinte años después, dos gigantes del terror (calificarlos de monstruos sería demasiado fácil) unen sus fuerzas para retomar al personaje protagonista de El talismán (ahora tornado policía retirado de homicidios) en un irónico thriller detectivesco de asesinos en serie, entidades sobrenaturales y bates de béisbol. Opopónaco, que se repite unas cuantas decenas de veces durante toda esta novela. Una palabra que pese a mi incredulidad inicial existe de verdad. Veamos la definición del diccionario: Opopónaco: m. Gomorresina aromática, de sabor acre y amargo que se extrae de la pánace y otras umbelíferas, y que se usa en farmacia y perfumería. Ahora bien, veamos la definición según el protagonista de Casa Negra después de haberla tenido rondando por la cabeza durante más de trescientas páginas: Opopónaco. 1. Palabra que no aparece en un diccionario. 2. Un misterio aterrador. Una palabra elegida al azar del diccionario (aunque seleccionada, supongo, por su rareza al tacto) es una de las que le sirve a este libro para examinarse a sí mismo en su propia narrativa. Los personajes no tienen ni idea de lo que está ocurriendo, ni de sus implicaciones ni de las causas, así que opopónaco sirve perfectamente para describir lo indescriptible, supuestamente. Otra palabra usada en la tradición de King y Straub de la iteración hasta la saciedad de un elemento es “dislocación”, cuyo significado y aplicación está mucho más claro; después de todo, ésta es una narrativa de terror tradicional, así que siempre tiene que comenzar por la dislocación de lo normal. Bueno, o eso es lo que parece, porque los autores juegan con el lector de una forma que le puede dar dolor de cabeza a más de uno. El principio, por ejemplo. En una narrativa normal, se presentan los personajes, poco a poco se insinúa lo ominoso y luego se suelta el horror. Vale. Eso es lo normal. Pero continuando con el tono irónico que impregnaba la antecesora de esta novela, los autores deciden al principio hablarle al lector, convertirse en un punto de vista móvil dotado de consciencia y empezar a contarle cosas al lector que éste no quiere saber de ninguna manera. Por tanto, en lugar de una introducción gradual en la trama, la voz del narrador esquizofrénico (cuyos dos autores pueden o no ser identificados con la posterior aparición de un loro de dos cabezas que emiten alternativamente profanidades y citas morales) se preocupa por amargarle la fiesta al lector contándole quienes son (casi) todos los personajes implicados en el drama desde el principio, sin ningún rubor y a muy mala leche. Casi, casi como el famoso y omnisciente globo ocular de Emerson, el lector es llevado de aquí para allá mediante un recurso que demuestra que pese a lo que crea, uno no tiene control sobre lo que lee, sino que es llevado por donde le apetece a este par de sádicos. Así malvados, víctimas, amigos, aliados e indiferentes aparecen desde las primeras paginas, incluso con sarcásticas indicaciones sobre hechos futuros por acaecer. Joder. Así que King y Straub nos cuentan quién es quien al principio de la novela. Vale. Entonces ¿Qué queda? Bueno, establecer las relaciones exactas entre víctimas y verdugos, depredadores y presas, caballeros blancos y negros y reinas y obispos. Casa Negra no es exactamente el mismo tipo de libro que El talismán, su predecesor en veinte años tanto dentro como fuera de la narración. En vez de una épica fantástica de viaje adolescente, es una novela de misterio sobrenatural con toques de narración detectivesca (especialidad en la que sobresale Straub) en la que los protagonistas no necesitan viajar a través del espacio ni de los mundos porque el misterio que les acecha se ha instalado a la puerta de sus casa. Veinte años más tarde del periplo de Jack Sawyer, éste se convierte en un joven policía de homicidios de Coulee Country retirado a causa de extrañas presiones psicológicas internas que no lo dejan en paz. No recuerda nada de lo que hizo cuando tenía doce años y salvó a su madre (y a dos mundos, de paso) de la muerte. Sin embargo, su tranquilidad de retiro rural se va a ver rota por una serie de circunstancias muy, muy tópicas (pero efectivas, que es lo que cuenta): un asesino de niños anda suelto por la región donde Jack reside, y recibirá presión desde muchos lados (desde izquierda, derecha y especialmente desde arriba y abajo) para que retome su actividad y encuentre al asesino antes de que se cometa otro crimen. Evidentemente, las cosas no van a ser tan fáciles, ya que tarde o temprano los elementos sobrenaturales ocultos en el pasado de Jack (y que probablemente tengan alguna relación con los presentes sucesos) saldrán a la luz. King y Straub compaginan un increíble principio con un acertado desarrollo e incorporan a la trama algún personaje excelente, como el viejo ciego en cuyo interior hay cuatro personalidades diferentes de locutores de radio, (todos bien pagados y conocidos en la comunidad por varias razones, aunque nadie sospeche que se traten de la misma persona) que jura que puede conducir tan bien (si lo intentara) como… Ray Charles; o los Cinco del Trueno, la banda local de motoristas cerveceros vestidos de cuero negro y que se definen a si mismos como hegelianos y discuten sobre Derrida, Gertudre Stein o Hemingway mientras fabrican la mejor cerveza del mundo (Kingsland, un guiño a la primera novela). Desgraciadamente, la parte inicial y media de la novela funcionan mucho mejor que su conclusión. King incorpora definitivamente esta obra a su trasfondo mitopoético de la Torre Oscura, e incluye una mención al pistolero Roland de Gilead (lo que en si no supone ningún obstáculo para una buena narración, aparte de las continuas referencias a la Tierra Baldía de T. S. Elliot). Pero al final de la misma, llevados por no se que impulso homicida, acumulan deus ex machina sobre deus ex machina en un clímax casi paródico (abejas, bates de béisbol, poderosos muchachitos telequinéticos al estilo Otomo…) de tal forma que incluso la proverbial suspensión de la incredulidad se resquebraja algo. Eso sí, vuelven a jugar al sádico con el lector diciéndole que deje de leer tras un final feliz (aunque no el final del libro), por que lo que viene a continuación posiblemente no le va a gustar (quién avisa no es traidor) y terminan con una chanza final más a costa del lector. Es una obra entretenida, ligeramente más rotunda que su predecesora y que la mayor parte del tiempo es una demostración continua sobre como se escribe un best seller y además quedar bien, que desgraciadamente tiene algunos puntos demasiado forzados hasta el punto de quebrar lo conseguido, pero que resulta en general efectiva y muy, muy absorbente. © Xavier Riesco Riquelme 2002 Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.
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