Una mente prodigiosa
Sylvia Nasar

Valoración: 4
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0392/

Matemático de genio, temprano enfermo de esquizofrenia. La vida de John Nash es un compendio de descubrimientos matemáticos, tratamientos médicos, comportamientos desiguales y poco claros, conformando la trayectoria vital de un hombre atrapado en una mente prodigiosa, sí, pero también una mente enferma.

por María Castro

[intro]En el prólogo a[fintro] este libro la autora cita al matemático Paul Halmos, cuando dice que hay dos tipos de genios: "los que son como todo el mundo, pero a un nivel mucho más alto y los que parecen poseer un toque que va más allá de lo humano". El caso del matemático John Forbes Nash es un ejemplo extremo de lo segundo. El "toque" que le otorgaba su asombrosa intuición, la originalidad de su enfoque y una aparentemente ilimitada confianza en sí mismo y en el poder de su pensamiento para iluminarle, le impidió en un determinado momento poner freno a la capacidad de su mente para generar realidades alternativas; los más absurdos delirios tenían para él la misma apariencia de realidad que las más elaboradas teorías matemáticas. Su enfermedad que hasta los treinta años le permitió llevar una vida más o menos normal, con gravísimas dificultades para las relaciones humanas compensadas con una gran capacidad creativa, entró después en una fase extrema que le impidió durante un período de otros treinta años no sólo desarrollar su prometedora carrera científica, sino conservar incluso la apariencia de una vida dentro de la normalidad. Sorprendentemente al cabo de ese tiempo inició una lenta recuperación (rarísima en los casos de esquizofrenia paranoide) que le permitió recoger el Premio Nobel de Economía, concedido por su teoría de juegos no cooperativos de insospechadas aplicaciones, desde el campo de la economía al de la biología evolutiva e iniciar tímidamente una nueva etapa de trabajo e investigación científica. Nash nace en 1928 y desde su infancia su comportamiento e inquietudes revelan su extraordinaria capacidad intelectual y sus dificultades para relacionarse con los demás. A lo largo de su vida su característica más definitoria será un egocentrismo exacerbado que le incapacita para comprender a los demás seres humanos y que le impide relacionarse con estos en términos de igualdad no sólo en el terreno afectivo, sino incluso en el intelectual. Nash se nutre fundamentalmente de su propia mente, lo que constituirá a la vez su refugio y su perdición. Tras pasar por en Instituto Tecnológico Carnegie Nash ingresa en Princeton que era en aquel momento el centro mundial de las matemáticas (aunque carecía del prestigio de Harvard y estaba formado por una mezcla de izquierdosos, judíos y extranjeros que a Nash no acababa de convencerle), donde trabajaban en ese momento genios como Einstein o Von Neuman. En Princeton, por tanto, se encontró con algunas de las mejores mentes del momento y con algunas de las más prometedoras, lo que si bien no mermó su confianza y presunción si aumentó su ansia por destacar, por superarse a sí mismo y a los demás y por obtener reconocimiento. "La mayoría de los doctorandos eran personajes extravagantes, marcados por la timidez y la inseguridad, por peculiaridades poco corrientes y todo tipo de tics físicos y psicológicos, pero, sin ninguna excepción, compartían la sensación de que Nash era todavía más extraño". Tras dejar Princeton, Nash comenzó a trabajar para la RAND, una institución de las fuerzas aéreas dedicada a la investigación estratégica, que en aquel momento reclutaba talentos matemáticos para trabajar en la aplicación de la teoría de juegos a las nuevas circunstancias mundiales. La RAND, que tuvo una influencia enorme en la política de defensa estadounidense, se vio inmersa en el clima de paranoia que se extendió por Estados Unidos en la primera etapa de la guerra fría, alcanzando su punto álgido en la campaña anticomunista emprendida por el senador McCarthy. Así pues la RAND combinaba en aquel momento un clima de secretismo, unas medidas de seguridad extremas, con un ambiente de trabajo absolutamente libre e informal, que fomentaba por encima de todo la creatividad y el trabajo individual. Se puede pensar que Nash compartía con la RAND esa doble personalidad. De hecho los posteriores delirios de un Nash gravemente enfermo se centrarían casi siempre en supuestas conspiraciones, mensajes cifrados o gobiernos secretos mundiales de los que sólo él era consciente. Su ingreso en el MIT coincidió con el inicio del despegue del mismo y su transformación de la primera escuela de ingeniería del país en el prestigioso centro de estudio e investigación que es en la actualidad. Comenzó también en esta época a mantener intensas pero conflictivas relaciones con algún compañero por el que sentía atraído, tanto física como intelectualmente. La postura de Nash ante sus evidentes inclinaciones homosexuales fue casi siempre la de la negación, a pesar de que sus supuestos escarceos en un lavabo público le valieron la expulsión de la RAND, en plena "caza de brujas".También en el terreno personal el matemático inició una relación con una enfermera a la que en el fondo despreciaba por su baja extracción social (su propia idea de superioridad no se centraba únicamente en el aspecto intelectual) con la que tuvo un hijo del que jamás se ocupó. Al año de casarse con Alicia Nash, (esta sí mucho más presentable socialmente) y recién cumplidos los treinta años Nash tuvo un brote esquizofrénico que sería el preludio de su descenso a los infiernos. Su vida a partir de ese momento estuvo marcada por los delirios, los ingresos en centro psiquiátricos sometido a tratamientos tan crueles como el coma insulínico inducido y períodos de relativa calma que pasaba en casa de su madre primero y de Alicia después, a pesar de que está había obtenido el divorcio totalmente superada por la situación. Sin embargo, nunca abandonó los ambientes académicos, puesto que pese su estado se le permitió continuar en Princeton, en donde se convirtió en una especie de fantasma entre los alumnos pero donde siempre mantuvo el respeto de sus colegas, que no podían olvidar lo que había detrás de aquel extraño personaje. De una forma evidente para los que con él se relacionaban Nash consiguió superar la fase más dura de su enfermedad, iniciando una lenta recuperación que le permitió recoger el Premio Nobel de Economía en 1994. [obra]Una mente prodigiosa[fobra] es una biografía que explora las relaciones entre el genio y locura, entre la extrema racionalidad y la incapacidad afectiva y sentimental , pero también analiza ( en lo que es para mí uno de los mayores atractivos del libro ) la influencia del ambiente social en la investigación científica, la creación y desarrollo de centros de formación científica y tecnológica, el funcionamiento de dichas comunidades, cerradas y endogámicas, y sus relaciones con la política y el poder. Cronológicamente la vida de Nash coincide con el despegue del Instituto Tecnológico de Masachusets (MIT), con el auge de Princeton como centro mundial de la investigación matemática, con la fuga de cerebros europeos hacia Norteamérica, y en fin con la etapa dura de la guerra fría y el Macarthysmo en Estados Unidos. Es pues una historia que como casi todas las biografías interesantes va más allá del interés individual por el personaje al que retrata. [n]Una mente prodigiosa vs Una mente maravillosa[fn] [intro]Con elementos de[fintro] la vida del matemático y premio Nobel de Economía John Forbes Nash se han construido recientemente un libro, escrito por una periodista especializada en temas económicos y una película, dirigida por un experto en productos típicamente Hollywoodienses. Ambos, libro y película, tienen propósitos diferentes; el libro se centra en la relación entre genialidad y locura para explicar la tragedia de un hombre cuya mente le otorga la capacidad para observar el mundo desde posturas netamente originales, gracias a una fantástica combinación de inteligencia, intuición y capacidad de relación pero que al mismo tiempo le niega la facultad de trazar la línea que separa la realidad de la ficción. Esta imposibilidad, junto con la incapacidad para comprender los sentimientos y motivaciones de las personas que le rodean (ambas carencias debidas posiblemente a la esquizofrenia paranoide que padece), junto con la arrogancia, presunción y espíritu competitivo que constituyen su carácter (producto de la fe en su propia superioridad intelectual) lo convierten en un ser humano por el que es difícil sentir admiración, respeto o simplemente simpatía. Y además de todo esto es un genio, cuyo trabajo hasta los treinta años lo hizo merecedor de un premio Nobel y al que ni la terrible enfermedad ni sus no menos terribles tratamientos lograron apartarlo de su pasión por la investigación y el conocimiento. Esta faceta lo hace digno de nuestra compasión, pero también de nuestra admiración, lo cual no es incompatible con los sentimientos que nos despierta como persona. Bueno, pues la película trata de un esquizofrénico, que además es científico, que consigue fundamentalmente gracias al amor de su mujer y a su propio tesón, superar la enfermedad que padece llegando incluso a conseguir el premio Nobel de Economía. El hilo conductor es la capacidad del amor para superar todas las barreras. El personaje tiene que ser presentado como alguien capaz de provocar esa clase de amor y por lo tanto se elimina todo lo que estorbe a esa intención. Así lo que para mi constituye el principal acierto de la película, que es narrar la historia desde la propia mente de Nash, esto es, tal y como ve él la realidad, impide que nos hagamos una idea de su verdadera personalidad. Compartimos sus delirios y entendemos su punto de vista a costa de obviar lo que su comportamiento provoca en quien le rodea (excepto y sólo hasta cierto punto en Alicia Nash, su mujer) y quizás lo que es peor para la cabal comprensión del personaje, otorga una dimensión emocional y afectiva a sus delirios de la que éstos carecían en la realidad. Pero tal y como está concebida la película esto no importa demasiado. Queda claro por tanto que el protagonista del libro y el protagonista de la biografía, aunque comparten algunos rasgos, no son la misma persona. Desde mi punto de vista eso no tendría por qué constituir un problema ya que entiendo que una película es una obra de ficción y como tal presenta la realidad como le da la gana a su creador, siempre y cuando no se insista en extraer una enseñanza moral de la misma, porque si de eso se trata entiendo que lo lógico sería o bien inventar totalmente una historia o bien buscar una vida que realmente se ajuste a la moraleja que debemos deducir de la misma. Y diré que lo que realmente me molesta no es tanto el que se presente a Nash como un excéntrico pero tierno científico que nada tiene que ver con el odioso personaje protagonista de la biografía, lo que realmente me parece una burla es presentar la historia de John Nash y su mujer como una maravillosa historia de amor, pretendiendo además que fue en gran parte el amor lo que consiguió curar su esquizofrenia. Jennifer Conelly al recoger el Oscar a la mejor actriz de reparto le dio las gracias a Alicia Nash por enseñarle lo que es el amor, en fin, no es que haya que hacer mucho caso a este tipo de discursos pero en todo caso por lo que habría que darle las gracias es por enseñarnos claramente hasta donde puede llevarnos un concepto equivocado del amor. La asociación entre amor y sacrificio (sobre todo si es femenino) es absolutamente típica y nadie duda que por amor se puede llegar a sacrificar hasta la propia vida, pero hay que distinguir, el sacrificio no es en sí mismo amor. La lealtad, la admiración intelectual y la compasión son tres sentimientos muy loables pero, ni cada uno de ellos por separado, ni los tres juntos, son amor. John Nash cayó gravemente enfermo al año escaso de haberse casado con Alicia, la cual tuvo que hacer frente a decisiones durísimas como la de someter a su marido a tratamientos que podían destruir una mente genial enfrentándose a la desaprobación de su entorno; tuvo que abandonar a su propio hijo para seguirle por buena parte de Europa mientras él intentaba renunciar a su nacionalidad americana y trataba de convencer a las embajadas de distintos países de que era un perseguido político y que formaba parte de un importantísimo nuevo gobierno mundial. Tomó la decisión de divorciarse en un intento de reconducir su vida, pero volvió a hacerse cargo de Nash cuando este tras salir de una institución psiquiátrica no tenía un lugar al que volver y lo cuidó como su fuera un hijo más. Su propio hijo, al que tuvo que sacar adelante ella sola, desarrolló más tarde la misma enfermedad que su padre. Alicia Nash puede ser admirable en su capacidad de sacrificio, pero yo nunca diría que vivió una maravillosa historia de amor de la que todos, o más bien todas (lo siento pero no puedo evitar el sesgo feminista al tratar un tema que me parece que contiene mucho de machismo encubierto) deberíamos encontrar inspiración. Ya se sabe que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer y detrás de uno no tan grande muchas veces también. El problema es que en este tipo de historias siempre está ahí, detrás.