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Portada de El Hobbit de J.R.R. Tolkien
Valoración: 4 1/2 estrellas de 5

Minotauro.

CONTRAPORTADA

Smaug paercía profundamente dormido cuando espió una vez más desde la entrada. ¡Pero fingía estar dormido! ¡Estaba vigilando la entrada del túnel!... Sacado de su cómodo agujero-hobbit por Gandalf y su banda de enanos, Bilbo se encuentra de pronto en medio de una conspiración que pretende apoderarse del tesoro de Smaug el Magnífico, un enorme y muy peligroso dragón...

El Hobbit

J.R.R. Tolkien

Obra eclipsada por su gran hermana mayor, la famosa trilogía de los anillos, El Hobbit tiene más que méritos para ser considerada como un clásico por derecho propio, aunque habitualmente se considere que su papel principal consista en servir de precursora a El señor de los anillos.

por Xavier Riesco Riquelme

Había una vez un libro que vivía a la sombra de su hermano mayor, un gigante de tres cabezas cuya sombra ocultaba siempre al libro más pequeño. Así que cuando la gente se refería directa o indirectamente a él, siempre salía a colación una comparación con ese hermano mayor enorme.

Antecedente, precursor o preparación de El señor de los anillos o no, El hobbit es un libro que merece atención por si solo pese a la presencia voluminosa de la más famosa trilogía de todos los tiempos. Pero yo tampoco soy inmune a las comparaciones, así que me disculparán si hago una comparación pequeñita que no creo que afecte demasiado a mi propósito de demostrar el valor de este libro:

El estilo.

Mientras El señor de los anillos tiene un estilo potente que hereda de fuentes tan diversas como la Biblia o las Sagas nórdicas, El hobbit recurre o otra fuente de narración mucho menos grandiosa pero tan antigua o más: el cuento popular. En un principio el hecho de que el narrador se dirija en primera persona al lector, el uso de recursos dialogados para mantener la atención o la capacidad del narrador para añadir información donde es necesario, hacen que esta obra sea más parecida a los cuentos victorianos de hadas o a sus contemporáneas y también aparentemente orientadas a un público infantil o juvenil Crónicas de Narnia (pero sin la cargante carga alegórica cristiana de estas) de C. S. Lewis que al espíritu de saga wagneriana que posee su hermano mayor.

Sin embargo, ninguno de estos factores me parece un demérito, al contrario, creo que El hobbit ha sido saludado justamente como uno de los grandes clásicos de la literatura juvenil e infantil del siglo XX (o de todos los siglos hasta ahora), contando una aventura de las más memorables de una forma amena, divertida y en muchas ocasiones con un maravilloso sentido del humor, lo que contrasta con el tono épico (y sin concesiones al lector) de la opus magna de Tolkien, a la que supuestamente serviría de introducción cronológica al narrar acontecimientos cuyas consecuencias conducirán directamente a la historia de éste.

Si he de resumir de que trata (por si acaso queda alguien que no lo sepa), más o menos es lo siguiente: Bilbo Bolsón es miembro de lo que parece una clase media rural acomodada inglesa (o sea, un hobbit, criaturas de pequeño y escurridizas difíciles de ver si no quieren), de firmes convicciones, ordenado, tradicionalista, conservador y amante de comer unas cinco veces al día (o más). Su ordenado y estable horizonte se ve sacudido cuando Gandalf el mago (una figura central en las narraciones de Tolkien, aunque creo que no descubro precisamente la pólvora con este comentario) le gasta una pequeña jugarreta por la que se verá arrastrado (literalmente) a la aventura en compañía de un grupo de enanos que desean recuperar un cierto tesoro familiar, que incluirá encuentros desafortunados con trasgos y elfos, desventuras varias, un dragón con muy mala leche llamado Smaug; y, sobre todo, uno de los más célebres juegos de adivinanzas en las páginas de un libro. Bilbo es, evidentemente, un protagonista, renuente, quejoso y poco dispuesto a colaborar en ocasiones, pero todo eso forma parte del encanto de este libro, desde su cómico inicio hasta el dramático desenlace de la Batalla de los Cinco Ejércitos, desde el abandono del hogar por parte de Bilbo hasta la caída de Smaug. El hobbit es uno de esos libros que incitan al lector a arrastrarse por sus páginas desde el principio hasta el final, a acompañar al protagonista y a no dejarlo hasta acabar.

Una de las cosas más sorprendentes de esta obra, aparte del estilo mencionado anteriormente, es que incluso lectores que son completamente refractarios a El señor de los anillos, son hechizados por esta obra (supuestamente menor) con mucha más facilidad que con la que caen en las redes de la madre de todas las trilogías, lo cual, en mi opinión, quiere decir algo a favor de este libro que pese a seguir medrando bajo la sombra de otro, tiene una vida y un carácter propio y singulares.

Una pequeña joya.

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.

Su opinión:

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