The League of Extraordinary Gentlemen
Alan Moore y Kevin O'Neill

Valoración: 4
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0406/

Homenaje a toda una forma literaria, comentario social más o menos disfrazado, ajuste de cuenta con los referentes magníficamente asumidos. Un cómics extraordinario.

por Xavier Riesco Riquelme

[intro]Densa, con múltiples[fintro] referencias intertextuales, con unos diálogos que hacen las delicias del lector, acción ilimitada y al mismo tiempo un homenaje sincero y una burla despiadada de la literatura de evasión decimonónica inglesa, así es [obra]La Liga de Caballeros Extraordinarios[fobra], el ultrapastiche definitivo de Alan Moore en clave de humor superheroico sobre las tensiones sexuales, coloniales y políticas del imperio más literario que jamás haya habido. Moore se atreve a enfrentar otra vez el lado oscuro del país que le vio nacer, pero esta vez en un tono mucho más ligero en apariencia, aunque los resultados si uno mira a fondo siguen siendo igual de sobrecogedores. Miremos el título: [obra]La liga de Caballeros Extraordinarios[fobra]. Ya sólo con el título hay una profunda reflexión sobre el sexismo de la sociedad inglesa del XIX, ya que supuestamente la directora del grupo es una mujer. Y “Caballeros Extraordinarios” es un eufemismo para “monstruos”, ya que el espíritu con el que describe Moore con la ayuda del eficiente (y admirado por mí aunque excesivo para muchos) Kevin O’neill es el de una barraca de feria llena de “freaks”. Sólo con la idea de juntar en un grupo de apariencia superheroica al Capitán Nemo (aunque fuera creado por un francés como Verne) y Allan Quatermain uno ve la mala leche que permea toda esta obra: el gran “explorador colonial” junto al gran enemigo del imperio de su majestad. Jekyll y Griffin (el hombre invisible) representan sin ningún disimulo la esquizofrenia moral de la sociedad victoriana: el férreo control de los [c]mores[fc] sexuales que tenía su contrapartida en las prostitutas de Whitechapel y la historia ya explorada por Moore sobre dominación y masculinidad en [obra]From Hell[fobra]. Así que mi aviso es éste: no hay que dejarse engañar por el aspecto de obra menor o más entretenida o de tono más ligero, Moore sigue siendo Moore y [obra]La Liga de Caballeros Extraordinarios[fobra] es una pequeña joya que destila sentido de la maravilla y mala leche a partes iguales. Donde parece que no hay espacio para más que tortas, tecnología trasnochada y tópicos, Moore crea uno propio en el que, por ejemplo, nos recuerda que Nemo significa “nadie” en un homenaje a la Odisea, la preocupación victoriana por definir lo humano como aparte de lo animal, y rescribe toda la historia del Imperio Inglés desde un punto de vista postmoderno mediante las tensiones entre el Centro (La Metrópolis) y la Periferia (las colonias) vistas como un enfrentamiento entre dos maravillosos genios del mal que forman parte del inconsciente colectivo desde que aparecieron, aunque no sean más que proyecciones de la misma sociedad. Narrativa postcolonial (aunque hecha por un miembro cultural de los colonizadores) en un cómic de superhéroes. Pues sí. Que sea entretenido no significa que haya que dejar el cerebro en el cubo de la basura, señores. Queda como ejemplo típico de Moore buscar todas las referencias y alusiones que se encuentran en los diálogos o en los fondos: vueltas de tuerca lugares comunes, incorporación de muchas y ricas fuentes literarias de mitología industrial y preindustrial (como el busto del Barón de Münchaussen que se ve al fondo), chistes literarios, (“Llámame Ismael”), alusiones históricas descontextualizadas (“la idea de que una nación rival como Alemania pueda […] someter Inglaterra a un bombardeo aéreo”) o pura y simple especulación al [c]steam-punk[fc] sobre un pasado industrial que nunca existió pero admiramos igualmente. Y, además, bombardean Londres desde el aire y Nemo se carga a cientos de ingleses con un lanza-arpones de repetición (inaugurando el solito la maquinaria de guerra moderna cuerpo a cuerpo). ¿Qué más quieren? Por no hablar de la conclusión de esta serie, cuya escena final es uno de los mejores chistes posibles sobre el escenario creado por Moore y O’Neill. En el apartado gráfico, el dibujo de Kevin O’Neill transmite perfectamente la sensación de maravilla y fealdad conjunta que una obra como esta requiere, el exceso gigante de las máquinas que fascinaban a los escritores victorianos, los extremos sociales y la insistente propaganda imperial llevada a extremos aún más exagerados por el trazo de O’Neill y la escritura de Moore. Aquí creo que está el verdadero punto fuerte de la obra, el moverse, como dije antes, entre la parodia sangrante y el homenaje emotivo. Eso sí, Moore no inventa nada o casi nada acerca de los personajes, tiene material de sobra con el que trabajar a partir del conjunto de mitos que recoge y rescribe de esta forma. Lo que sí es muy propio de Moore es la forma de tratar las situaciones. Y para más disfrute, además nos regala con un pastiche novelesco, además editado en fascículos (como debe ser) en el que Allan Quatermain se ve metido en un fregado en el que las divinidades lovecraftianas blasfemas y multitentaculares amenazan la existencia misma de la creación, acompañado por personajes de la talla de El Viajero del Tiempo, John Carter de Marte (o Barsoom) y el viajero onírico Randolph Carter que todavía no ha encontrado Kadath. ¿Qué más se puede pedir?

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.