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El país de octubre
Ray Bradbury Selección de cuentos de un maestro de la ciencia ficción. Algunos mejores y otros peores, pero todos ellos inimitables. Ray Bradbury no necesita presentación, y si la necesita, más le vale a cualquiera que se vea en la necesidad que pille un ejemplar de Crónicas Marcianas en cualquier librería y le eche un vistazo al prólogo de Borges, mas que intentar yo usar mi palabrería para el asunto. Así que, dicho esto, voy directamente a lo que nos importa, el libro El país de octubre, antología de relatos de Ray Bradbury editada por Minotauro
En mi experiencia, este libro ha sido un caso bastante curioso. Quizá porque hace mucho tiempo que no leía a Bradbury o por un motivo de cronología, pero lo que ha pasado es que he empezado a leerlo y la prosa que recuerdo del autor de Crónicas marcianas, en vez de moverme y/o conmoverme me ha llenado de hastío. En un principio. La primera explicación que se me ocurre es que ya no estoy para estos trotes más dignos de la adolescencia que de otra cosa, pero luego le echo un vistazo a las fechas mencionadas en la introducción y en los copyrights y descubro que la explicación cronológica también puede ser válida: que aparte de lo que a mi me pase, este tipo de cuentos, como Bradbury reconoce, ya no eran sus habituales más allá de 1946. Casi cincuenta años, lo cual puede perfectamente explicar la desazón que me invadía en un principio a enfrentarme a lo que parecía una constante reiteración de cuentos escritos en hiperprosa poética (para distinguirlos de hiperpoesía prosaica) hasta que al final, vencidas y derrotadas las hordas de palabras le encontré un cierto encanto a esta colección de cuentos originariamente (al menos algunos) editados de la mano de Arkham House, la mítica editorial de August Derleth consagrada a la continuación del legado del maestro de Providence. Evidentemente, el tono de los relatos, al menos en un principio y con ese padrino, es bastante oscuro, una antología de horror, parece en un principio. Afortunadamente Bradbury es demasiado él mismo como para que al final no se empiece a notar, así que, en mi opinión, el libro mejora bastante una vez pasada la mitad. "El Enano" es una historia clásica de deformidad y asesinato. Y con eso queda dicho todo o casi todo, mientras que "El siguiente en la fila" está más cerca del horror psicológico que de otra cosa, un experimento en la creación de ambiente opresivo mediante el recurso de usar un entorno extraño… en este caso un pueblecito de Méjico que parece descrito como la antesala del infierno, haciendo hincapié en la extrañeza del punto de vista anglosajón de la curiosa mezcla de catolicismo barroco y tradición nativa que les parece encontrar en el Sur del continente. Ninguno de los dos primeros cuentos me pareció satisfactorio, sin embargo un rayo de esperanza brilló en "La desvelada ficha de póquer de H. Matisse", donde Bradbury adopta un tono mucho más sarcástico en una historia de vanguardia artística y jóvenes pre-beatniks que se mofan de la normalidad hasta que la normalidad, encarnada en el protagonista, les supera en sus más desenfrenada imaginación. "Esqueleto" y "La jarra" son dos relatos de horror arquetípico que el lector se imagina ilustrados por Berni Wrightson, barrocos pero efectivos a su manera, suponen dos cuentos formalmente bien construidos y con valores propios. "La playa" apunta ya al Bradbury más emocional, con otra historia de fantasmas modernos (modernos de hace medio siglo) canónica en la forma, que se complementa con la siguiente, "El emisario", otra variación bradburiana de “cuidado con lo que pide es no sea que te sea concedido”, pero bien narrada pese a que el estilo decadente parece sofocar la historia. "Tocados por el fuego" nos lleva de vuelta al horror psicológico, donde dos jubilados intentan detener crímenes que saben inevitables por su larga experiencia, pero que en realidad pueden terminar disparándolos. "El pequeño asesino" es otro de formato clásico, donde me parece ver un eco de Henry Kuttner, el admirado amigo y mentor de Bradbury, y sin embargo no llega donde llegaba este aunque bien pudiera ser (otra vez) un experimento en el fantástico según Todorov. "La multitud", lo mismo que alguno de los anteriores, tan clásico que tenemos la impresión de haberlo leído ya, de otra manera y bajo otro nombre y en otro libro completamente diferente. Cuando todo parecía dicho sobre la forma de este libro, aparece, intencionadamente, "La caja de sorpresas", que hace un uso de la más recargada prosa y sin embargo, cuando uno se da cuenta, no molesta para nada, porque se trata de un experimento en percepción que recuerda más a Christopher Priest que al propio Bradbury. Eso sí, la adjetivación es de bradbury, pero esta vez se las arregla para caer de pie en el lado adecuado y dedicarle una sonrisa a los que pensaban, como yo, que iba a perder pie haciendo funambulismo de altura. Quizá sea aquí donde hay un punto de inflexión, porque a partir de este momento me descubrí disfrutando mucho más de la lectura y admirando una vena de humor socarrón poco presente en los primeros cuentos de la antología. "La guadaña" es otra de esas historias previsibles pero que Bradbury sabe levar como nadie hasta su extremo lógico, aparte de ser un alegato metafísico sobre la furia del hombre, mientras que "El tío Einar" y la posterior "Reunión de familia" entran en el mismo terreno (de hecho comparten personajes) de reivindicación de lo monstruoso con un cierto humor y el toque más particular de Bradbury, ese American Gothic particular del venerable autor. "El viento" es un relato ejemplar de invasión surrealista según los cánones más antiguos, pero satisfactorio, así como "El hombre del primer piso", en el que la monstruosidad y la inocencia infantil se dan la mano de una manera inesperada (y bastante salvaje) con cierto humor. "La alcantarilla" es un ejercicio poético, que, me temo, va a depender su nota del gusto particular del lector porque me confieso incapaz de decidir si me gustó o no. El último relato claramente fantástico por comentar es "Había una vez una vieja" en el que el tono de fábula humorística le sirve muy bien al autor para contar la desternillante historia de la vieja que se negaba –desde un punto de vista filosófico- a morir de ninguna manera, faltaría más. Y cierra el volumen otra fábula bien construida, "La maravillosa muerte de Dudley Stone", en el que un admirador se va a pedirle cuentas a un escritor por dejar de publicar hace ya muchos años. La sorpresa del hombre cuando el escritor le explica como un celoso rival lo mató hace ya muchos años va pareja a la sonrisa del lector en un digno cierre de un volumen irregular, pero que mejora según avanza la lectura y, posiblemente, el tiempo. © Xavier Riesco Riquelme 2002 Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.
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